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Luis Alberto Rodríguez Juárez

 

 

El tráfico de migrantes hacia Estados Unidos, particularmente desde Centroamérica hacia las fronteras mexicanas -que generaba ingresos por cientos de millones de dólares anuales-, se desplomó.

Datos de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (US Customs and Border Protection) reportan que la cantidad de detenciones en la frontera cayó 78 por ciento en el periodo octubre a septiembre correspondiente al año fiscal 2025, respecto a al mismo lapso de 2023.

Tan sólo en la frontera sureste que colinda Texas con Tamaulipas la caída en las detenciones de migrantes no legales entre octubre a diciembre de 2025 fue de 95 por ciento en comparación con el mismo periodo durante la administración Biden.

Hay días en que no hay detenciones.

Estos indicadores fueron catalogados por la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU, Kristi Noem, como resultados que antes se creían imposibles, con lo cual convierte a la frontera como la más segura de la historia, con éxitos de aplicación de la ley sin precedentes.

Esta caída en los datos, más las acciones que llevan a cabo las autoridades migratorias en diversas ciudades de Estados Unidos para capturar a ilegales, es lo que ha desincentivado el negocio del tráfico de migrantes.

Es importante recordar que todavía hasta hace un año, esa actividad era la más lucrativa, por encima de cualquier otra, incluyendo el tráfico de estupefacientes.

De hecho, el tráfico de migrantes representaba el motor de otros crímenes.

Luego entonces, al desincentivarse ese negocio ilícito, por consecuencia hubo también una disminución de la incidencia delictiva, sobre todo porque la pelea por las rutas y los territorios fue a la baja.

No se trata de restar méritos a las estrategias de seguridad, pero entre la barrera migratoria de Estados Unidos y las amenazas de intervención en tierra para combatir cárteles mexicanos, así como el envío de casi una centena de líderes a las cortes estadunidenses, ha generado una especie de perfil bajo en el hampa.

Lo grave está en cuál será el destino de cientos de hombres y mujeres que dependen de las actividades criminales, que están bajo las nóminas de la delincuencia organizada.

Un mando militar de muy alto rango exponía en reuniones de seguridad que cuando los delitos de alto impacto se atacan, contienen o eliminan, surge el fenómeno de un incremento en los delitos comunes, como son los robos, asaltos, extorsiones y secuestros, eso sí que afectan directamente a la sociedad.

La explicación que daba era que, al no haber recursos para la nómina, los grupos se disgregan, se busca dinero por su cuenta, o los negocios se encaminan a otras actividades que pueden poner en riesgo a la población.

Ahí es donde está lo preocupante. Ahí es donde habrá que estar atentos.

La migración ilegal era un gran negocio. En la era Trump se acabó, o por lo menos se ha puesto un enorme tapón.

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