
Idealizar las redes sociales, como vehículo simplemente noble para transmitir mensajes que incidan en la percepción favorable es, quizás, un error de enfoque estratégico.
Hoy en día, las redes sociales son espacio de entretenimiento masivo -con todo y la sorna que se impulsa. Son el sitio donde convergen la difusión pública y privada institucional, las opiniones de todo tipo, pero esencialmente son arma política y lugar de escrutinio popular.
Es la plaza pública que antes estaba reservada a ciertos grupos.
Estamos en la Aldea Global que conceptualizó hace 60 años Marshall McLuhan.
Nos encontramos en el mundo al instante, donde toda la comunidad participa, donde todos opinan, donde todos juzgan.
Dejaron de ser las benditas redes sociales que tanto pregonó Andrés Manuel López Obrador, que contribuyeron al avance vertiginoso del movimiento político que él impulsó. Luego se le convirtieron en las “trinches” redes.
Las redes sociales son hoy el caldero, el banquillo por donde pasan todos: políticos, artistas, policías, empresarios, clérigos… ciudadanos que rompen -con sus hechos turbios- la moral pública para convertirse en los #lord o las #lady…
Una moral pública cargada de percepciones múltiples, donde todo se cuestiona, pero esencialmente los hechos… y remarco: los hechos.
Si los hechos que originan los comentarios no se aclaran, precisan o desmienten de manera contundente, las redes sociales y su anonimato seguirán siendo implacables.
Cierto. El máximo tribunal está hoy en las redes sociales donde interactúan todo tipo de ciudadanos y donde la contienda política/electoral se exacerba desde el anonimato o la plena identidad.
El Presidente Donald Trump lo sabe bien. Un tuitazo/post de él genera impactos. Son arma política que refuerza sus hechos.
Hay mentira y manipulación, ni duda cabe. La misma receta aplicada en los tiempos de Peña Nieto por el movimiento que hoy gobierna en la gran mayoría del país.
Repensar la estrategia pasa no sólo por querer acallar lo negativo. Pasa, necesariamente, por responder a los hechos que dan pie a los comentarios de todo tipo y al morbo público.
Las redes dejaron de ser hace muchos años el gran espacio para ver, aprender y compartir, que contribuía a la alimentación informativa.
La mensajería como Whatsapp cambió más aún las dinámicas, al acercar en tiempo real textos, videos, fotografías, documentos…
La infodemia es la excesiva cantidad de información que circula hoy en día, no sólo la negativa, sino la positiva, la cierta o la falsa.
Las redes sociales son el gran glotón informativo. Y así como traga, desecha.
Lejos está de convertirse en una infocracia.
Sí, es un Tribunal. Por tanto, lo que hay que revisar son los medios de defensa ante los hechos que activan a las redes sociales, si realmente se quieren desvirtuar los dichos.
Hechos que demandan ser aclarados, no sólo acallados.