
Por: El Mañana de Reynosa
De cara a las elecciones de 2027, donde se renovarán gubernaturas en 17 entidades, el proceso de posicionamiento político ya está en marcha. Aunque el calendario aún parece distante, los movimientos territoriales, las alianzas y la visibilidad de perfiles comienzan a configurar el terreno de competencia.
En este contexto, resulta clave observar el mapa electoral vigente y contrastarlo con los primeros sondeos realizados por Encuestas México sobre afinidad partidista, los cuales, si bien no son definitivos, ofrecen señales tempranas sobre tendencias y posibles cambios. Estas mediciones permiten identificar no solo el nivel de respaldo hacia cada fuerza política, sino también variaciones regionales que podrían incidir en la contienda.
El mapa electoral actual muestra una clara concentración de poder: MORENA gobierna 23 de las 32 entidades federativas, lo que representa el 71.9% del territorio nacional. Bajo el liderazgo político de CLAUDIA SHEINBAUM, el partido ha consolidado una presencia amplia y territorialmente diversa, con fuerza en el sureste, además de una presencia relevante en el norte y centro del país.
Este dominio no solo es numérico, sino estratégico: controla entidades clave por densidad poblacional y peso económico como el Estado de México, la Ciudad de México y Veracruz, lo que amplifica su capacidad de movilización electoral.
En contraste, el Partido Acción Nacional se posiciona como segunda fuerza con presencia en cuatro estados: Chihuahua, Aguascalientes, Querétaro y Guanajuato.
Por su parte, Movimiento Ciudadano gobierna en dos estados estratégicos: Nuevo León y Jalisco, bajo liderazgos como SAMUEL GARCÍA y PABLO LEMUS. Su presencia, aunque limitada en número, se concentra en entidades con alto peso económico y mediático, lo que le otorga una proyección nacional relevante. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), en tanto, conserva dos entidades: Coahuila y Durango, encabezados por MANOLO JIMÉNEZ y ESTEBAN VILLEGAS, respectivamente. Su presencia refleja una resistencia focalizada más que una expansión territorial.
Finalmente, el Partido Verde Ecologista de México mantiene control en San Luis Potosí con RICARDO GALLARDO, consolidándose como una fuerza marginal en términos territoriales, pero con capacidad de incidencia en alianzas.
El 6 de junio de 2027 se celebrarán elecciones en 17 entidades federativas, donde se renovarán gubernaturas. Esto implica que el 53.1% del país acudirá a las urnas, lo que convierte a esta jornada en un punto clave para la redefinición del equilibrio político nacional.
Para MORENA, el reto es significativo: 12 de las 23 entidades que actualmente gobierna estarán en juego. Aunque parte con una amplia presencia territorial, también será el partido que más posiciones deberá defender, lo que eleva el nivel de exigencia en términos de operación política y selección de candidaturas.
En el caso del PAN, el escenario es proporcionalmente más riesgoso, ya que 3 de sus 4 entidades participarán en la contienda. Esto implica que gran parte de su presencia territorial estará sujeta a competencia directa, particularmente en estados donde los márgenes son más ajustados.
Por su parte, Movimiento Ciudadano pondrá en juego Nuevo León, una de sus principales posiciones a nivel nacional, mientras que el PVEM enfrentará el mayor nivel de exposición al arriesgar su única entidad: San Luis Potosí.
En términos de peso electoral, estas 17 entidades concentrarán aproximadamente el 34.3% de la Lista Nominal Electoral, lo que refuerza la relevancia de la elección no solo por el número de cargos en disputa, sino por el volumen de electores involucrados.
A partir de los sondeos de afinidad partidista llevados a cabo en las 17 entidades que renovarán gubernatura en 2027, comienza a delinearse un escenario que, si bien es preliminar, apunta con claridad hacia una continuidad con expansión del bloque gobernante. Las mediciones, consistentes entre sí, no solo sugieren estabilidad en las preferencias, sino una tendencia hacia una mayor concentración del poder territorial.
En este escenario preliminar, MORENA ampliaría su presencia al pasar de 23 a 26 entidades federativas, alcanzando el 81.3% del total nacional. Este crecimiento no sería únicamente cuantitativo, sino estratégico, al incorporar estados hoy en día gobernados por fuerzas de oposición, lo que implicaría una reducción adicional de los contrapesos políticos en el ámbito subnacional.
Las entidades que se incorporarían a MORENA serían: Chihuahua, gobernado por el PAN; Nuevo León, hoy encabezado por MC; y, San Luis Potosí, liderado por el PVEM.
Para Chihuahua, la ventaja de MORENA en afinidad partidista abre la posibilidad de alternancia en un estado que históricamente ha mostrado competencia efectiva. El escenario es más matizado en Nuevo León: aunque MORENA encabeza las preferencias con 32.4% frente a 19.2% de MC, la brecha de 13.2 puntos no resulta definitiva en un contexto donde el peso del liderazgo local y la dinámica metropolitana suelen influir de manera determinante.
En el caso de San Luis Potosí, actualmente bajo el control del PVEM, la diferencia de 16.4 puntos a favor de MORENA sugiere una transición más clara hacia el bloque oficialista.
Este avance proyectado de MORENA se traduciría, inevitablemente, en una contracción del espacio opositor. El PAN conservaría Aguascalientes y Querétaro, además de Guanajuato —que no estará en disputa en 2027—, manteniéndose como la segunda fuerza política, aunque con un alcance territorial más limitado.
No obstante, la aparente estabilidad en estos estados encierra niveles relevantes de competencia. En Aguascalientes, si bien el PAN registra una afinidad del 45.4% frente al 28.3% de MORENA, la diferencia de 17.1 puntos podría erosionarse en función de la selección de candidaturas y el desempeño de las campañas.
En Querétaro, el escenario es aún más competitivo: con una ventaja de apenas 9.9 puntos (42.2% frente a 32.3%), la entidad se perfila como uno de los principales focos de disputa, donde factores como la cohesión interna de los partidos y la movilización electoral serán determinantes.
Por su parte, el PRI no enfrentará presiones inmediatas en este ciclo electoral, ya que Coahuila y Durango no participarán en las elecciones de 2027, lo que le permitirá conservar sus dos entidades.
Movimiento Ciudadano, en contraste, enfrenta un escenario más adverso: la posible pérdida de Nuevo León no solo reduciría su presencia territorial a Jalisco —estado que tampoco estará en juego—, sino que debilitaría su posicionamiento nacional al ceder una de las entidades con mayor visibilidad política, económica y mediática del país.
Finalmente, para el PVEM, los sondeos actuales indican la pérdida de San Luis Potosí, lo que lo dejaría sin control directo de gubernaturas, aunque con margen de maniobra a través de su política de alianzas.
Y por hoy, BASTA.
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