
Por: El Mañana de Reynosa
Pareciera que, una vez tranquilizada la situación en Medio Oriente, el tema de Ucrania retorna finalmente a los medios. Acá algunas notas para actualizar el análisis.
1. A lo largo de más de cuatro años, las tácticas empleadas tanto por Ucrania como por Rusia han evolucionado considerablemente, produciendo fuertes vaivenes pendulares en cuanto a quién controla la iniciativa de la guerra.
2. Dentro de esos vaivenes, Ucrania parecía estancada. Del 2023 al 25, Moscú había logrado instalar la percepción de que era prácticamente imposible que Ucrania recuperara el 20% de su territorio que Rusia controla y que, por lo tanto, Kiev no tenía alternativa sino negociar lo mejor que pudiera bajo esas desfavorables circunstancias.
3. Sin embargo, a lo largo de los últimos meses Ucrania ha conseguido dar un giro dramático a este relato. Kiev ha buscado explotar el sentido de seguridad y estabilidad de la población rusa, golpeando ciudades e infraestructura militar y energética mediante misiles y mediante drones cada vez más sofisticados. La embestida ucraniana sobre la energía rusa está generando costos crecientes y disrupciones operativas importantes para el sector petrolero.
4. Más recientemente el conflicto ha llegado al corazón de Moscú. Hace pocos días, Ucrania volvió a lanzar uno de sus mayores ataques con drones contra la capital rusa y otras regiones del país.
5. Ahora bien, el factor clave radica en la forma en que Putin suele responder ante este tipo de circunstancias dado que no es la primera vez que Rusia enfrenta pérdidas importantes. Su respuesta habitual ha sido escalar el conflicto, no ofrecer concesiones. Esa escalada ha adoptado, en el pasado, distintas formas. En el momento más álgido de la guerra, Moscú también intensificó la retórica nuclear, y, de acuerdo con la inteligencia estadounidense, consideró seriamente el despliegue de armas nucleares tácticas en el campo de batalla.
6. Quizás lo esencial sea comprender la percepción que Putin tiene de su país, del lugar que esté debe ocupar en el mundo y de la dimensión de las apuestas que ha hecho, y sigue haciendo, por esta guerra. Por un lado, Putin sostiene—y realmente cree en ello—que una superpotencia nuclear no puede ser derrotada. Pero, por otro lado, Putin se ha jugado tanto capital en el plano interno como en el externo que simplemente no puede darse el lujo de recular.
7. Así que lo que debe evaluarse a partir de las últimas victorias tácticas de Ucrania no es (solo) el monto de los daños ocasionados a Rusia o su impacto sobre la percepción que la población rusa tiene de la guerra, sino la medida en que esos factores afectan la determinación de Putin para continuar y, sobre todo, hasta qué punto lo empujan a escalar. Los ataques recién ocurridos contra Kiev y otras ciudades nos dan una pista.
8. Parece baja la probabilidad de que Putin simplemente acepte negociar en términos menos favorables que los que tenía hace apenas unos meses. Así, lo que debemos esperar es una espiral ascendente de violencia, bajo una lógica de acción-reacción reflejada en ataques mutuos contra las capitales y otras ciudades importantes, así como contra infraestructura civil y energética. Y a la vez, mediante la intensificación de las ofensivas terrestres. Además, es probable que Moscú intensifique la guerra de nervios contra Occidente usando tácticas de guerra híbrida e incrementando amenazas nucleares.
Todo parece indicar que a esta guerra todavía le queda, lamentablemente, mucho tiempo por delante.
Instagram: @mauriciomesch
X: @maurimm