El Día de las Madres se vivió entre nostalgia, gratitud y homenajes para quienes siguen presentes en el corazón de sus seres queridos

Por: El Mañana de Reynosa
El Día de las Madres no solo se celebró con abrazos y reuniones familiares, ya que para cientos de familias de Reynosa, esta fecha también representa un momento de profundo recuerdo para aquellas mujeres que ya partieron, pero que siguen presentes en la memoria, en las enseñanzas y en el amor que dejaron sembrado en sus hijos.
Desde temprana hora este domingo, los panteones de la ciudad comenzaron a recibir a visitantes que llegaron con cubetas, escobas, flores naturales y arreglos.
¿Cómo se celebra el Día de las Madres en Reynosa?
Algunos limpiaron las tumbas con esmero, otros llevaron serenatas con acordeón y guitarra, y muchos más permanecieron en silencio, dejando que las lágrimas hablaran por ellos.
Acciones de las familias en los panteones de Reynosa
Beatriz Robles Hernández acudió al camposanto con el corazón lleno de gratitud hacia su madre, Yolanda Hernandez, y compartió a El Mañana que uno de los consejos que marcó su vida fue hacer cualquier trabajo con gusto, sin importar lo sencillo que pareciera.
“Mi mamá siempre me decía que todo lo que hiciera, así fuera lavar baños o barrer, lo hiciera con amor, que cuando uno hace las cosas con gusto, no se siente como trabajo”, recordó con emoción y alegría.
Su hermano, José Robles Hernández, señaló que el mayor regalo que les dejó su madre fue la vida misma.
“Hay muchos recuerdos, pero el más grande es que nos dio la vida y nos permitió disfrutarla mientras estuvo con nosotros”, expresó.
NO HAY PALABRAS
Miguel González Espinoza también visitó la tumba de su madre, Norberta Espinoza Reyes, a quien cada año le lleva flores naturales, como una manera de honrar su memoria.
“Siempre le traigo flores naturales porque a ella le gustaban mucho, era una buena persona, siempre estuvo con nosotros, me quedo sin palabras”, expresó con un nudo en la garganta.
Entre música, oraciones y recuerdos, el Día de las Madres en los panteones de Reynosa se convirtió en una muestra de que el amor de una madre no termina con la muerte, por el contrario vive en cada consejo, en cada enseñanza y en cada visita en la que los hijos, sobrinos y nietos, con flores en las manos y nostalgia en el alma, regresaron a decirles que siguen presentes en sus corazones.
Entre flores, los hermanos Beatriz y José Robles Hernández, recordaron el legado que dejó su madre.
Miguel González Espinoza, visitó la tumba de su madre, a quien cada año le lleva flores naturales, como una manera de honrar su memoria.